¿Andadores o correpasillos?


Los andadores están desaconsejados desde la Asociación Española de Pediatría debido a la multitud de accidentes domésticos que, desde su llegada a nuestros hogares, han causado; Un sencillo ejemplo son las caídas con traumatismos craneales o el alcanzar objetos peligrosos.


Estos aparatos están constituidos por una estructura rígida en la base con forma de aro en su mayoría que, a su vez, se mueve gracias a las ruedas que encontraremos en la base. El bebé suele ”sostenerse” con un arnés.


Este tipo de estructuras presentan más desventajas que ventajas. Favorecen la marcha en puntillas, no hay una buena alineación de los miembros inferiores, no se hace una buena carga y la línea de gravedad se ve alterada debido a la sujeción y a los factores anteriormente citados.


Lo más importante: No es verdad que los niños anden antes gracias al andador. No tienen libertad para explorar bien su entorno ni buena movilidad. Y, además, no están más seguros mientras realizamos otras tareas.


¡SI A LOS CORREPASILLOS!


No debemos confundirlos con los anteriores (andadores). Son estructuras que pesan poco y tienen ruedas. En ellas, el bebé escala y se pone en pie solo con su propio esfuerzo y trabajo. Por ello, las caderas están alineadas, la carga está en las piernas y hay una base de apoyo que es estabale y además es controlada por ellos mismos.


Aprenden a gestionar el espacio, permiten el desplazamiento por donde ellos quieran con su propio peso hacia delante con total libertad. Además, cuando se cansan, pueden volver al suelo a sentarse o gatear sin necesidad de tener que sacarlos del arnés del andador, ya que el gateo aporta muchísimos beneficos a corto y largo plazo para los más pequeños de la casa.


María José Plaza Narbona



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