Esmaltes Permanentes ¿Sí o no?

Hace unos días recibimos en consulta un caso muy repetido en podología y que es más frecuente de lo que se puede llegar a pensar. Por ello hoy hemos querido compartirlo con vosotros.


La paciente acude hoy a consulta porque ha sentido “quemazón y dolor” al retirarle el esmalte permanente en un centro de estética con una fresa (especie de lima utilizada para eliminar dicho esmalte a base de limar la superficie de la uña) y productos químicos. Al paso de los días nota que sus uñas han cambiado de aspecto y siguen doloridas.


Una vez nuestra podóloga realiza la exploración pertinente confirma que la paciente tiene decoloración en las uñas (tono amarillento, sobretodo en las esquinas superiores) y se observan pequeñas motas de hematomas en las mismas. Además, el grosor de estas han disminuido bastante como consecuencia de el uso exagerado de la fresa.


Le aplicamos en todas las uñas aceite protector con vitamina E y aceite esencial de árbol de té (productos naturales). Le pedimos a nuestra paciente que vuelva en 15 días para revisar si han mejorado o no. Y, por supuesto, le recomendamos no volver a utilizar este tipo de esmaltes.


¿Lo que le ha ocurrido a nuestra paciente es normal?


El Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos (CGCOP) alerta de que el uso excesivo de esmaltes permanentes puede provocar alteraciones y daños irreparables en las uñas.


Estos hacen que se dañe la lámina ungueal, que no transpire bien la uña y, por pulirla para quitar el esmalte, se vuelven más fina, pierden el brillo y se rompen con más facilidad. Además, pueden sufrir la aparición de manchas o infecciones por hongos.


Los esmaltes permanentes impiden el crecimiento natural de la uña provocando, incluso, la perdida de la uña por la aparición de hongos o bacterias, haciendo que la esta se ablande y se despegue.


El calor y la humedad crean una capa húmeda entre el esmalte y la uña que propicia la aparición de hongos. Las señales que nos harán saber si hay presencia de hongos son:


- Aparición de rugosidades en las uñas

- Aumento de sudor y piel escamada entre los dedos

- Cambio de color en las uñas o en los dedos

- Aparición de mal olor o pequeñas ampollas.


En estos casos lo que se recomienda en la mayoría de los casos es dejar la uña “respirar”, es decir, recuperarse, y no dejar el esmalte más de 15 días.

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